¿Qué podemos decir los veterinarios acerca de lo que sentimos al ejercer nuestra profesión?

Esta es una pregunta que probablemente nos abra un abanico de respuestas según el lugar desde el que enfoquemos la respuesta.

En primer lugar, hoy sabemos que en todo el mundo la profesión de Médico veterinario encabeza las estadísticas de las profesiones con mayor índice de suicidio. Suena muy fuerte, ¿no? Algunos pensarán que es una exageración, pero las publicaciones muestran números irrefutables. Podríamos debatir cuáles serían los factores que nos colocan en esta situación, qué nos diferencia a los Veterinarios de los Médicos y de otros profesionales de la salud. ¿Estos datos se observan exactamente igual en todos los países? Más allá de que el suicidio puede tener origen en la acumulación de numerosos factores interrelacionados y sostenidos en el tiempo, tal vez haya llegado el momento de pensar y debatir acerca de la importancia de expresar lo que cada uno tiene para decir sobre las vivencias de ser Médico Veterinario. ¿Qué me llevó a elegir esta profesión? ¿Se cumplieron mis expectativas iniciales ahora que trabajo en esto? ¿Mi lugar de trabajo me satisface? ¿Qué cambiaría de mi vida profesional ahora mismo si pudiera hacerlo? ¿Me sobrepasan la emociones y el “hacerme cargo” del sufrimiento ajeno? ¿Siento demasiada presión de la familia de mis pacientes? ¿Me siento desvalorizado como profesional? ¿Mi trabajo termina cuando me retiro de mi lugar de trabajo? ¿Siento que quisiera que los pacientes vengan solos a la consulta, colocarles la receta en la boca y que se la lleven al dueño, así no tengo que hablar con él? ¿Cómo supero y convivo con los fracasos y errores cometidos? ¿Cómo manejo las consecuencias emocionales de una eutanasia o el duelo por una muerte de un paciente? ¿Y si encima falleció por un error u omisión míos?

En fin, se me ocurren cientos de preguntas más, muchas a partir de mis vivencias como Veterinaria.

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