Médicos Veterinarios: ¿Cómo podemos ocuparnos de nosotros?

Desde la más remota antigüedad es conocida la importancia de la ayuda que un “buen médico” puede proporcionar a sus pacientes, así como la relevancia de los componentes psicológicos, emocionales y cognitivos, que influyen en la práctica médica. Ese valor de las “ayudas psicológicas” puestas en marcha por el médico u otros profesionales de la salud fue resaltado ya por el mismo Freud (1912,1913).
Hace ya más de 50 años, desde los primeros seminarios con médicos de los Balint (los “Grupos Balint” homenajean a su creador, y consisten en un grupo de médicos, coordinados por un profesional de la salud mental, reflexionando sobre la experiencia de la subjetividad en su tarea cotidiana) o incluso antes, que se vienen proponiendo y experimentando medidas con el fin de mejorar las capacidades (psico) terapéuticas de dichos profesionales. (Tizón JL, 1984,1998)
Pero como contraparte de esto, podemos decir que no sucede lo mismo a la hora de poner el foco sobre lo que le pasa al profesional con lo que vive cada día en relación a su trabajo. Y esto es más reciente aún si nos referimos a la profesión veterinaria.
Las profesiones médicas, indudablemente cuentan con condimentos añadidos a la hora de reflexionar sobre las relaciones que se generan en el ejercicio de las mismas. El contacto desde la enfermedad, es un componente que no siempre es tenido en cuenta cuando pensamos en las dificultades que se pueden generar para equilibrar una buena atención profesional y una adecuada salud psíquica y emocional del profesional que atiende. Sin incurrir en un estudio exhaustivo sobre los motivos, la profesión veterinaria, es considerada a nivel mundial como una de las profesiones con mayor índice de suicidios (Mellanby RJ, 2005), dato que ya de por sí es merecedor de tener en cuenta.
Tanto para un veterinario dedicado a la atención clínica, o quirúrgica, la atención de un paciente implica necesariamente la inclusión de la familia del mismo, aspecto que por el vínculo emocional que implica un animal en una familia, genera una presión adicional al profesional para resolver la afección del paciente.
Los errores cometidos en el ejercicio de la profesión, sobre todo por los veterinarios recién recibidos, generan emociones negativas, que pueden ser un factor significante para colaborar en incrementar en índice de suicidio. (Mellanby RJ, 2004) Factores tales como el estrés emocional, la estigmatización de alteraciones mentales dentro de la profesión, el aislamiento social y profesional, el acceso a drogas y la resistencia a tomar en cuenta al suicidio como un problema que necesita ayuda médica, son, entre otros, factores a tener en cuenta en esta profesión a la hora pensar en brindar una ayuda efectiva. (Gyles C, 2014 ; Mellanby RJ, 2005) Hasta aquí podríamos decir que compartimos muchos aspectos con la medicina humana, pero el hecho de que los veterinarios convivimos a diario con la práctica de eutanasia, y por ello, pesa sobre nuestros hombros ( y almas) la decisión de ponerle fin a la vida de otro ser vivo, es un aspecto diferencial muy importante. En muchos lugares también es más frecuente que los veterinarios se encuentren trabajando solos, y no en Centros u Hospitales en donde el contacto social y apoyo entre colegas es mayor ( aspecto más comúnmente visto en medicina humana). Todos estos factores se tienen cuenta a la hora de justificar que la tasa de suicidios de veterinarios por ejemplo en el Reino Unido es 2 veces más alta comparada con otras profesiones de cuidado, y 4 veces más alta con respecto a la población general. Aquí en Argentina no contamos aún con estadísticas como las que hay en muchos países del mundo, y esto se debe fundamentalmente a la falta de implementación de dispositivos que correlacionen los decesos con las profesiones. (Gyles C, 2014) Me atrevería a decir que otro factor que podría repercutir en el bienestar del profesional es que los veterinarios no siempre gozan del mismo prestigio social que un médico humano, y por ello, tampoco de la misma remuneración.

Por todo esto, en diversos lugares del mundo, se están implementando herramientas para que los médicos veterinarios en distintos ámbitos, puedan encontrar espacios de reflexión sobre su profesión y mejorar su calidad de vida.


Una de ellas consiste en dispositivos grupales, diseñado para médicos veterinarios. Estos dispositivos tienen como prioridad permitir a los mismos contar con un espacio para conversar sobre la profesión. En este conversar, se abarcan tanto temas relacionados al quehacer veterinario, como por ejemplo, dificultades de resolución de casos clínicos o quirúrgicos, cuestiones vinculares entre médico veterinario-paciente-familia, y aspectos emocionales del médico veterinario específicamente. Este último punto, es uno de los pilares sobre los cuales se apoyan estos dispositivos, ya que es justamente lo que menos se suele tener en cuenta a la hora de reflexionar sobre la profesión. Los médicos veterinarios no contamos aquí con espacios grupales específicos que nos permitan identificar aspectos problemáticos o negativos de nuestro trabajo en relación a nuestros sentimientos y emociones, independientemente de dudas o dificultades en la resolución de casos clínicos desde el aspecto estrictamente médico.
Los grupos Balint, permiten compartir casos clínicos, intercambiando con colegas experiencias que posteriormente pueden colaborar en mejorar no solamente la atención médica, sino también el vínculo con el paciente. (Tizón JL, 1984)
Un ejemplo de un dispositivo de grupos Balint implementado para veterinarios es el que se encuentra organizado por el grupo Vet Prac en forma online en Estados Unidos. (Fig.1)

Fig.1: Publicidad de grupos Balint para veterinarios del grupo Vet Prac

Este tipo de grupos, utilizado para la medicina veterinaria, tal vez cuente con ciertas limitaciones, teniendo en cuenta lo expresado más arriba en cuando a la importancia de incluir en el trabajo en grupo el aspecto emocional y los sentimientos.
Por este motivo, pensar en una ampliación de lo que sería estrictamente un grupo Balint, por un grupo de reflexión, sería tal vez más adecuado para los médicos veterinarios.
Tomando como referencia el trabajo de Crespo (2009), en donde los médicos participantes del grupo han reflexionado sobre los beneficios de pertenecer a él, se podría pensar que tal vez se podría esperar algo similar en un grupo conformado por médicos veterinarios. Estos aspectos positivos incluyen:


-La importancia y lo que ayuda comentar casos y sentimientos respecto a situaciones que se les presentan a todos

-El privilegio de estar en un ambiente seguro y con un buen conductor para comentar casos

-La reflexión sobre la culpabilidad

-Aprender a salir de situaciones que se presentan, con mayor
tranquilidad y sosiego

-Ser más ‘‘aséptico’’

-Sinceridad del grupo

– La experiencia de muchos compañeros que llevan trabajando
muchos años en ‘‘encuentros difíciles’’

-Los diferentes puntos de vista ante situaciones complicadas

-La envidia ante el buen hacer de los compañeros

-Analizar lo que me dice el instinto

– Paciencia

-Escuchar de otra manera

-Curiosidad

-Mejor humor

– Más presencia y más distancia. Tranquilidad emocional

-Admitir la equivocación con responsabilidad pero sin culpa

-Aprender a confrontar sin sentirme tan mal

-Escuchar mi cuerpo

-Aprender que decir ‘‘lo siento’’ es distinto de ser culpable

-No sentirse obligado a responder ni a defenderse

-Saber que otro piensa diferente

-Expresar los enojos

-Situarme en mi rol de médico

-Buscar el bien del paciente

-Escuchar

-Serenidad

-Ser menos omnipotente

-Valorar la postura del otro

-Valorar otras perspectivas sobre lo que ocurre en la consulta

-Gusto por la reflexión

-Calor humano

Por otra parte, y tomando nuevamente como referencia lo percibido por los integrantes del grupo estudiado por Crespo (2009), se podría encontrar en el grupo de médicos veterinarios algunos de los siguientes aspectos que “abandonarían”, tales como:
-Simplismo

-Culpabilidad

-Arrogancia

-Vanidad

-Impaciencia

-Mis dificultades para poner límites

-Los apuros

-Buscar agradar

-Individualismo y pensar que las cosas solo le pasan a uno

-Fuera del trabajo, pasar tiempo preocupado y dar vueltas a
problemas con pacientes -El machacarme ante una situación difícil

-El no afrontar y analizar un problema que me preocupa

-El sentimiento de inferioridad

-Remordimiento

-Conformismo

-El no confrontar en situaciones incómodas

-Vacilar frente al paciente

A todos estos conceptos se debería sumar en el caso específico de los médicos veterinarios, el poder hablar abiertamente sobre el suicidio. Nett RJ (2014) elaboró un cuestionario sobre experiencias con depresión y comportamientos suicidas en veterinarios de EEUU, que arrojó resultados significativos en cuanto a porcentajes de veterinarios que han sufrido algún episodio depresivo, ideación suicida y hasta intento de suicidio. Por lo tanto resulta muy importante que dentro de los objetivos a trabajar en el grupo también se pueda incluir ahondar en reconocer posibles signos de alerta entre los miembros, tanto desde lo verbal como desde lo actitudinal.
En la evaluación final de un grupo de estas características se podrían recoger algunos aportes relacionados con la reflexión y conciencia de las múltiples realidades que encierra cualquier caso, dependiendo de la mirada de quien lo observa, los múltiples caminos que abre cada tipo de reacción, el reflejo de los otros que permite conocer mejor los propios límites de tolerancia, las propias reacciones inconscientes habituales, para así ser algo más conscientes y más flexibles y también más capaces de establecer una buena relación con las familias de los pacientes(Crespo AA, 2009)
La implementación de este tipo de grupo con médicos veterinarios permitirá entonces encontrar un espacio común, compartido, con inquietudes y problemáticas propias y específicas, que hacen tanto al hecho de ser un veterinario como a la persona que está detrás del título. Historias similares, problemas comunes, ideas, mitos, frustraciones, son algunos aspectos que podrán surgir en este grupo y ser transitados en conjunto, entre todos como sistema, como un todo con las individualidades de cada uno, sobre todo teniendo en cuenta las diferentes incumbencias de nuestra profesión.
Por lo tanto, se puede concluir, que este tipo de grupo contribuye a mejorar la calidad de vida de los veterinarios, sobre todo en los aspectos relacionados a los vínculos con la dupla paciente-familia, como con sus propias emociones y sentimientos involucrados en el ejercicio de la profesión.
Un interrogante que queda abierto es pensar si es factible a largo plazo modificar las estadísticas mundiales que consideran a la medicina veterinaria como una de las profesiones de mayor riesgo de suicidio. Apostar a la prevención, tanto desde la inclusión de profesionales jóvenes, quienes recién se inician, así como de todos aquellos colegas que llevan un tiempo variable ejerciendo la profesión, permitirá detectar factores de riesgo, y de esta manera actuar en forma más directa. Reconociendo la influencia multicausal en el deterioro de la salud mental de los médicos veterinarios en general, se puede pensar que el trabajo en grupos podría ayudar a incluir dentro de sus temáticas varios de estos factores como herramientas de trabajo y reflexión. Hoy existen movimientos a nivel mundial que están poniendo el foco en esto, y cada vez hay más veterinarios preocupándose por su salud y sus emociones en relación a su trabajo, lo que resulta alentador.

BIBLIOGRAFÍA

  • Crespo AA, et al. (2009): “El grupo
    de reflexión como una herramienta
    para mejorar la satisfacción y desarrollar la capacidad introspectiva de
    los profesionales sanitarios”, Aten
    Primaria; 41(12): 688-694.
  • Gyles C (2014): “Veterinarian Suicides” CVJ; 55:715-718.
  • Mellanby RJ, Herrtage ME (2004):
    “Survey of mistakes made by recent
    veterinary graduates”, The Veterinary Record; 55: 761-765.
  • Mellanby RJ (2005): “Incidence of
    suicide in the veterinary profession
    in England and Wales”, The Veterinary Record;157: 415-417.
  • Nett RJ (2015):”Prevalence of Risk
    Factors for Suicide Among Veterinarians.
  • United States”,MMWR; 64: 5.
  • Tizón JL (1984): “Sobre los grupos
    Balint, el movimiento Balint y el
    cuidado de la relación médico-paciente”, Aten Primaria; 1(6): 309-312.
  • Tizón JL (1998): ¿”Grupos Balint o
    grupos de reflexión?” (sobre los
    componentes relacionales de la
    asistencia) En: Temas de Psicoanálisis, Vol. III, Ed. Nexos Interdisciplinarios, pág. 7-37.

Nathalie Weichsler
Médica Veterinaria
Consultora Psicológica RSE 57/SSGE Y CP/12

@

Diseño por proyectoarroba.com